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viernes, 8 de mayo de 2015

Ranulfo Lara y el capricho de ser rector de la UPAV

Armando Ortiz
aortiz52@hotmail.com

De manera por demás inusitada, haciendo alarde de un supuesto apoyo por parte de lo que él llama Consejo de Directores de la UPAV, Ranulfo Lara, maestro y funcionario de la educación durante varios sexenios, levanta la mano para decir que él quiere ser Rector de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz.
Ranulfo Lara tiene todo el derecho para aspirar. Él cree que con pagar desplegados de apoyo por parte de un inexistente Consejo de Directores de la UPAV logrará su objetivo. En esos desplegados absurdos alude que el 80% de los directores de las carreras están con él; dudo mucho que un 10% de los directores actuales sepan quién es él. Ranulfo señala también que los trabajadores de oficina de la UPAV lo apoyan, cuando ni siquiera hay un consenso por parte de ellos, antes bien los trabajadores en la oficina central han guardado un prudente silencio.
Pero a él no le importan las falacias y por ello, y con el apoyo de sus hijos, particularmente de Hílder Lara, funcionario de la Secretaria de Turismo, donde despacha el ilustre Harry “el culto”, sigue dando conferencias y declarando que él tiene todo el derecho porque es de los fundadores de la UPAV; como si eso bastara para tener derecho. Lo que Ranulfo no dice es que él hace tiempo que se bajó de la nave. Por cuestiones personales Ranulfo Lara dejó hace como tres años el proyecto de la UPAV. No así sus hijos, quienes quisieron seguir cobrando en la universidad a pesar de que ya no realizaban labor alguna. Hílder Lara, gracias a la salida de Leticia Perlasca (por cierto, “de nada”) llegó a la dirección de Turismo de Aventura y Naturaleza. Pues a pesar de estar obteniendo un sueldo en esa Secretaría, todavía quería seguir cobrando en la UPAV. Ante la negativa de mantenerlos cobrando sin trabajar, tanto él como su hermano, Luis Manuel Lara Hernández, demandaron a la UPAV ante la mesa especial número VI de la junta local de conciliación y arbitraje del estado de Veracruz con residencia en Xalapa; el número de expediente es el 03/VI/2014. Los hermanos exigen cada uno la cantidad de 301 mil 407 pesos de pasivo laboral.
De hecho, se sabe que quienes impulsan al maestro Ranulfo Lara para buscar la rectoría de la UPAV son los hijos, quienes no consideran que el maestro Lara está muy enfermo, pues padece una enfermedad letal de la que busca recuperarse.
Como no les interesa el padre, los hijos dejan que Ranulfo Lara salga a decir disparates tales como que la UPAV sólo tiene 30 mil alumnos, cuando la Universidad Popular Autónoma de Veracruz tiene más del doble de esa cantidad (75 mil alumnos). Como no les importa que haga el ridículo, también lo dejan que diga que la UPAV necesita tramitar los RVOES de las carreras que oferta, cuando los RVOES sólo son para escuelas particulares y la UPAV es una universidad creada por decreto en el Congreso de Veracruz, por lo que no necesita que sus carreras estén inscritas en el registro de Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios.
Pero por el entusiasmo que pone en sus falacias (que el 80% de los directores está con él; que existe un Consejo de Directores; que hasta el personal de oficinas centrales lo apoya; que las carreras requieren RVOE) uno puede concluir que Ranulfo Lara sí quiere ser rector de la UPAV, pero no para continuar con la labor de Guillermo Zúñiga, a quien abandonó en esta misión educativa, sino por pretensionesegoístas de los hijos, quienes tienen demandada a la UPAV por despido injustificado. Pero además,Ranulfo Lara quiere ser Rector de la UPAV por puro capricho, pues él cree que siendo Rector podrá saldar cuentas pendientes.
¿Y el legado de Guillermo Zúñiga? Eso es lo que menos le interesa.


sábado, 25 de abril de 2015

Al maestro Guillermo Zúñiga Martínez

EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ

Heidegger decía: “Somos uno para la muerte” Simbólicamente, cada día algo de nosotros muere para renacer a la vida, muere el feto, nace el niño, muere el joven nace el adulto. Muere la semilla, nace el fruto. 
El fenómeno de la muerte, que nos acerca a la esencia, a la fragilidad, a lo finito de la vida, a la humana desnudez, concentra las dos emociones más trascendentes y polares del ser humano: el miedo y el amor. 
El amor se encierra también en la muerte, porque es la emoción terapéuticamente más sanadora; por amor oramos, por amor compartimos nuestro pesar, por amor somos consolados y abrazados; el amor es una manera sencilla que nos ayuda a procesar más fácilmente el duelo que genera la partida.
Cuando se es capaz de ver a la muerte desde una visión ontológica, se es capaz de ver más allá de la culminación de la existencia. Será porque al nacer algo de nosotros principia a morir. 
La ontología trata del ser, y la muerte el no ser. Morir es algo natural ante lo cual el ser humano carece de poder; vivir para trascender si. En la ontología de la muerte, entendemos que lo que muere es la parte física, pero el ser humano trasciende los entretelones del tiempo, por la fuerza espiritual que posee el poder del amor.
Tal es el caso de mi sabio y querido amigo, Maestro Guillermo Héctor Zúñiga Martínez, quien falleció en su querida Xalapa, -la Atenas Veracruzana-, rodeado del amor de su esposa Guillermina, sus hijos Guillermo, Américo y Anilú, de sus amados nietos y de quienes como amigos lo queremos y admiramos.
Ante su sensible partida, deja una estela de amor a su tierra, a su gente y con ellos a la educación. 
El Maestro Guillermo fue un educador de América, sabio, prudente, servicial, institucional, entendidiendo por institucional el hombre que crea y fortalece instituciones, fue en dos ocasiones Secretario de Educación en el Estado de Veracruz, “creando siempre novedosas modalidades en la educación, participó en el proceso de la descentralización educativa; en la instalación del Colegio de Bachilleres del Estado de Veracruz COBAEV; en la instalación de las escuelas telesecundarias vespertinas, fundador de la Universidad Pedagógica Veracruzana UPV y de la Universidad Popular Auónoma de Veracruz.”
La ultima vez que lo vi, fue debido a la invitación que me formulara mi amigo Uriel Rosas Martínez, para asistir al salón Sebastián Lerdo de Tejada en el recinto del Congreso del Estado de Veracruz, a la presentación de su libro El durazno y otros frutos.
Al saludarlo me habló de su pasión, la educación, me comentó sus estrategias para que en Veracruz se construya una historia de éxito, en la que podamos aprender quienes creemos, que en México ha llegado el momento de realizar un gran esfuerzo colectivo por la educación, en el que apliquemos la frase de Bolívar: “Las naciones marchan hacia la grandeza, con el mismo paso con el que camina la educación”   
Mi amigo Guillermo H. Zúñiga, fue Profesor de educación primaria, Licenciado en Derecho, Campeón Nacional de Oratoria, Diputado Federal, Diputado Local, Lider partidista, Funcionario gubernamental, escritor; pero en su vida tuvo dos pasiones: el amor a su familia y a la educación,
Su proyecto educativo, se basaba, en la ‘pedagogía social’ del educador alemán, Paul Gerarh Natorp, para quien la relación comunidad-educación es fundamental. Por eso aspiraba a una educación que acercara los contenidos  a quien no pudieron estudiar en los sistemas educativos escolarizados.
Una constante persistió en sus reflexiones: La educación ha de inspirar al ser humano al encuentro con la grandeza y la libertad, porque: “La enseñanza que deja huella  no es la que se hace de cabeza, a cabeza… sino de corazón a corazón” 
Con el buen sentido del humor con el que disfrutaba la vida, hay una historia que contó el maestro Guillermo Héctor Zúñiga Martínez al Lic. Ignacio Vázquez Torres y a mi: en la época del gobernador Rafael Murillo Vidal, en el Puerto de Veracruz, se lanzó una convocatoria para coronar a la “Reina” y al “Rey Feo” del Carnaval; para lo que el mismo Ejecutivo, apercibió al presidente del jurado que cumpliera eficientemente su tarea. 
En el caso de la reina, había de sobra de dónde escoger, eran muchas las bellezas registradas; el problema se presentaba con dos de los postulantes a “Rey Feo” –uno de Coatzacoalcos y el otro de Cosamaloapan–, a quienes llamó el presidente del jurado y  cuando los tuvo enfrente les dijo: 
–– No sean ‘abrones, esto es para novatos… ¡USTEDES SON PROFESIONALES!

sábado, 11 de abril de 2015

El credo de Tagore: poesía y educación

Guillermo Zúñiga Martínez
Primera de dos partes

Hace mucho tiempo probamos las delicias literarias de un enorme poeta hindú: Rabindranath Tagore. Chitra y Pájaros Perdi dos fueron libros que consumimos con avidez, gusto y satisfacción. Recordamos la eterna lucha del invierno por alcan zar la primavera y, con nostalgia, saboreamos todos los intentos de ese viejo descarnado por lograr tan bello y elevado ideal. Nunca pudo hacerlo, pero las figuras retóricas de Tagore nos alimentaron esa esperanza.

A Tagore se le reconoce universalmente como genio, su obra va más allá de la poesía, pues igualmente cultivó el cuento, la novela, el drama, la música y en sus últimos años también se dis tinguió como pintor. Fue un hombre que buscó la perfección y la unidad de la existencia, por eso se preocupó siempre de los problemas políticos, sociales y económicos de su época. Su inquietud intelectual no conoció límites.

Es admirable, para nosotros, escuchar al poeta hablar sobre educación. ÉI deseaba que los niños se emocionaran al contemplar el ocaso, profundizaran en esa gama de colores que los creativos del idioma bautizaron con el nombre de sílfide; asimismo, quería que los niños disfrutaran del esplendente sol, jugaran con las agua cristalinas, conocieran y amaran la naturaleza: soñó y luchó por una educación ideal, pero la primavera de sus creencias jamás  llegó a tocar el invierno del vetusto sistema educativo.

Veamos qué mensaje nos dejó este maestro de la humani dad sobre algunos aspectos educacionales: "Lo que hoy en día llama mos aquí una escuela en realidad es una factoría, y los profesores forman parte de ella. A las diez, y media de la mañana la fábrica abre sus puertas al toque de campana; después, y a medida que los profesores comienzan a hablar la máquina empieza a funcionar. Los profesores dejan de hablar a las cuatro de la tarde, hora en que la factoría se cierra y los alumnos vuelven a sus casas llevándose algunas dosis de un saber manufacturado. Más tarde, este saber es probado mediante un examen y seguidamente etiquetado”.

En nuestra sociedad, los niños llegan a la escuela a las ocho de la mañana y se retiran a sus hogares a las 13 horas, cuando muy tarde. Los docentes hacen lo mismo. Colegios hay donde controlan la asistencia con un reloj checador, tanto para entrar como para salir. 

Esto ya significa un progreso  en el mundo tecnificado en que vivimos. Pero para algunos, y respetamos su postura, todo es perfecto y nada se debe cambiar. Que sigan así hasta que se jubilen. 
Para el educador hindú  la escuela debe desempeñar un papel secundario, porque lo principal se encuentra en la vida misma. La educa ción, decía, no debe estar divorciada de la vida, porque es parte  de ella.

Tagore conoció la historia de su pueblo, estudió sus costumbres y tradiciones y siempre se resistió a aceptar en la India la imitación extra lógica y mal aplicada de las instituciones europeas, fundamentalmente de Inglaterra. Él pensaba que la imitación no es el camino para ser auténtico y que ese acto (el de imitar) coloca al hombre en una posición servil; en las nuestras, afirmaba, las materias que se enseñan son áridas, aburridas y pesadas, difíciles  de aprender y completamente inútiles; nada hay de común entre las lecciones que engullen los alumnos desde las diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde y la vida del país en que habitan; ninguna concordancia, y sí en cambio constantes contradicciones entre lo que en la escuela se les enseña y lo que en casa oyen hablar a sus padres y familiares. Tales escuelas no son más que fábricas de robots.

ghector42@hotmail.com

viernes, 3 de abril de 2015

Maestro Arnulfo Pérez Rivera

Guillermo H. Zúñiga Martínez
Rector de la UPAV

Guillermo Zúñiga Martínez
En el mes de junio próximo, se cumplirán tres años de la desaparición física del extraordinario maestro Arnulfo Pérez Rivera. Por ese motivo quiero evocar dos artículos que escribí hace algún tiempo en este mismo espacio sobre tan ilustre educador, a quien recuerdo con respetuoso afecto. El primer texto es el siguiente:
  “En el año de 1964, las autoridades de la Escuela Normal Veracruzana ampliaron y enriquecieron los programas académicos de la institución, incluyendo la materia de Estética; su titular: el maestro Arnulfo Pérez Rivera. Tuve el privilegio de ser su alumno en el grupo de seleccionados, cuando cursaba el último grado profesional. Lo escuchaba cada tercer día y se notaba su preocupación para exponer con sentido común, lógica y dominio del tema. El libro de texto que sugirió fue el de Malo, a mi manera de apreciar muy difícil de interpretar y asimilar, pero el que todos los alumnos deberían estudiar.
La cátedra del oriundo de Plan de las Hayas, era realmente brillante.
Lo que más me agradó fue cuando nos dijo que, quien quisiera, también podría analizar al español José Ortega y Gasset, intelectual y filósofo que había publicado un libro sobre la misma materia. Conseguí la obra, titulada La Deshumanización del Arte -publicada en España el año de 1925-, a través de la cual sugiere estudiar el arte desde el punto de vista sociológico y a la que considero fundamental para comprender y valorar la estética; es agradable cuando dice que examinarlo por el lado de sus efectos sociales se parece mucho a tomar el rábano por las hojas o estudiar al hombre  por su sombra.
El año de 1964 fue muy atractivo para estudiar, reflexionar, dudar, escribir y responder a tan valioso catedrático, quien de manera educada e interesante atendía a sus alumnos con la clara idea de hacerlos con el tiempo sus amigos. Esta actitud es la que define a los verdaderos educadores.
En el año de 1961, Arnulfo Pérez Rivera había escrito su tesis Enseñemos pensando en que Educamos para presentar examen profesional y alcanzar el título de Licenciado en Pedagogía, dentro de la Universidad Veracruzana; recuerdo que afirmó: Educar es construir sistemáticamente los planes superiores de la vida del hombre, logrando en él su normal desarrollo en longitud y el pleno descubrimiento de su intensidad. En ese trabajo recepcional destaca de manera nítida un estimado jalapeño que fue sociólogo, abogado y maestro, Carlos Manuel Vargas Sánchez, quien expresó que Pérez Rivera estaba planteando la necesidad de actuar la enseñanza de acuerdo con el ciclo en que se realiza y aunque el postulado de Juan Jacobo Rousseau es inconmovible en el sentido de que cada etapa de la vida tiene sus peculiares formas de pensar, aceptar y actuar,  lo cierto es que la docencia todavía padece de un homonculismo pedagógico.
Arnulfo Pérez Rivera trató de aclarar situaciones sobre el particular  y se esmeró en que su trabajo fuera polémico lo que elevara su consistencia académica, ya que la ciencia tiene como característica plantear problemas.
Me agrada mucho que el maestro Carlos Manuel Vargas Sánchez dijera en el año de 1961 que le era satisfactorio brindar su felicitación cordial a uno de sus discípulos más brillantes, porque su obra contribuye a enriquecer la bibliografía pedagógica de Veracruz. En esta tesis que hoy resalto, Pérez Rivera insiste mucho en que a los adolescentes hay que educarlos y que debe tratarse especialmente a todos aquellos que ignoran el estudio, la memorización, el raciocinio y dejan olvidado  su compromiso para destacar en cada uno de los grupos y perfilarse hacia el éxito en su vida.
Me nace enfatizar que quien hoy motiva estas líneas era un hombre demasiado generoso, le gustaba tratar con mucho cariño y respeto a sus alumnos; es más, los invitaba a conversar y alentaba la lectura entre ellos. A los que mayor confianza tenía, les brindaba su casa y ahí, en medio de una rica biblioteca, les recomendaba obras clásicas de la pedagogía universal.
Creo que el maestro merece un reconocimiento estatal, porque es un hombre que entregó más de 60 años a la enseñanza, a la especulación y al reencuentro de las tesis pedagógicas modernas.
Era tan apreciado, que no tan sólo daba clases en la Universidad Veracruzana y en la Escuela Normal, sino que recibía constantes invitaciones para ofrecer su cátedra en diversas escuelas normales superiores de la república, por lo que tenía que viajar a otras entidades.
Descanse en Paz.”

ghector42@hotmail.com