jueves, 10 de noviembre de 2016

Entre los malos y los peores: Veracruz

Crónicas urgentes
Claudia Constantino

Barcelona, España.- El otoño este año se niega a ocuparse de la ciudad de Gaudí. La brisa fresca del Mediterráneo no alcanza a enfriar a nadie, ni a la hora más oscura. Si acaso, algunas nubes ponen húmeda la atmósfera por un rato, tras lo cual escampa, y el sol se pone por todo lo alto. La playa de la Barceloneta parece estancada en el verano. De los peores calores se ha pasado a las tardes frescas, pero nada más. No hay cambio dramático. Apenas una sutil mejora.
El clima de Barcelona me recuerda a Veracruz. Todo me lo recuerda, de hecho. Es mi referente y, aun tomando distancia, voy por ahí queriendo encontrar razones para pensar que pronto mi estado natal estará mejor. Mejor de como lo han dejado. Mejor de como hemos permitido que lo dejaran. Mejor de como lo están poniendo los autonombrados salvadores, vengadores y demócratas; títulos que nadie les avala donde no sean sus simpatizantes, sus socios o sus empleados.
Los demás, la mayoría de los veracruzanos, miran en silencio o, cuando mucho, hacen sarcásticos comentarios en las redes, sobre el modo en que un puñado de políticos oportunistas quieren ganar mano en el relevo de la administración de uno de los estados más importantes de México. Ese es el problema: no vemos a la sociedad civil, a organizaciones, ni grupos ciudadanos con fines apartidistas empujar un cambio real en Veracruz.
Vemos caras muy conocidas, con pésima reputación y peor historial político reposicionarse en torno a un gobernador electo que está apostando a mandar por delante a los porros que se consiguió como aliados para que le facilitaran llegar a la gubernatura. Así, los alcaldes que simpatizan con él, tomaron palacio de gobierno. Así, un demagogo y fatuo dirigente nacional del PAN se tomó la foto acostado entre los presidentes municipales que protestaban. Con lo que no consiguió nada más que raiting mediático, que le viene bien sólo a  sus aspiraciones de presidenciable. Muchos sombrerazos, gritos y ánimos caldeados, pero muy pobres resultados.
Por su parte, los alcaldes priístas y sus aliados, en busca de lo mismo: que les paguen. Hacen sus gestiones también, intentando mostrar más estatura política y dirigiéndose a las instituciones como marca el canon.
Ni unos ni otros logran una salida viable para la gravísima situación de Veracruz. La flamante nueva legislatura, que habrá de aprobar la propuesta de egresos de 2017, no parece estar poniéndose de acuerdo para gestionar rescate alguno para los municipios que claman y reclaman las participaciones que les adeuda el gobierno del estado.
De los alcaldes en pugna se dice que no pocos tiene observaciones del ORFIS y que desgraciadamente comenzaron a mostrar preocupación por sus municipios a destiempo, demasiado tarde, y que sólo los mueve la imposibilidad de cubrir sus compromisos con acreedores, que no con sus gobernados, y cabe aquí una precisión: no es lo mismo. Los pasivos que arrastran a menudo son con empresas de amigos y familiares (hasta propias) a quienes ya temen “quedarles mal”.  Antes de eso, habían guardado un silencio que hoy despierta suspicacias, y hay de quién se dice: “sólo quieren más para llevarlo a sus bolsillos, como buena parte de lo anterior”.
Entre los malos y los peores, las protestas ya suman alumnos de escuelas solicitando aulas dignas.  Los más aventados prenden piras frente a la Secretaría de Finanzas y luego de eso les dan nueva fecha de pago. Este jueves 10 de noviembre han pagado las participaciones federales correspondientes al FORTAMUN a los 212 municipios. Dudo que con eso se calmen los ánimos y los alcaldes se replieguen. Esperemos la próxima ofensiva.
Siguiendo con mis comparaciones, el calor de Veracruz es más fuerte que el de Barcelona, aunque sea otoño aquí y allá. Si quiero hallar otro hilo conector: acá vive, y muy bien, el notable a quien muchos atribuyen haber encendido la flama que amenaza al polvorín en que está convertido nuestro estado. Pero el Señor Cónsul jamás se da por aludido. Y su creación sigue prófugo. Pero ni sufre, ni se acalora.

Cualquier comentario para esta columna que no se desprende del cordón umbilical jarocho a: aerodita_constantino@hotmail.es

El saldo

Yuri Alejandra Cárdenas Moreno
Abracadabra 

Esto se acaba en un mes. Doce años de esclavitud, como el título de aquella película. Dos sexenios de gobierno en Veracruz en los que se perdió el rumbo, en los que se perdió la fe, la confianza y la tranquilidad. 
Ya se habla tanto de este tema en estos últimos días, que me parecía ocioso agregarle un puñado más de palabras a la montaña de opiniones acerca de este Titanic moderno que es nuestro Estado. 
Sin embargo, quiero hacerlo sencillamente, porque hay que hacerlo. Porque toda persona con voz que habita en este lugar debería hacerlo. Fue demasiado el saqueo, demasiado el cinismo y el dolo. Fue demasiado.
Esto se acaba en un mes pero el saldo es grande, grande e impagable. Aunque el prófugo Javier Duarte apareciera esta tarde y devolviera todo el dinero que se llevó, jamás podrá devolver la confianza del pueblo de Veracruz en su gobierno, ya no podrá devolver estos años en los que la gente vivió con miedo, sin poder salir de casa, sin poder hacer planes para el futuro, porque no había ni seguridad ni liquidez. Javier Duarte y su antecesor jamás podrán devolver a los hijos desaparecidos, a los muertos, a los quemados en fosas, a los torturados. Jamás podrán resarcir el daño hecho a las familias. 
Lo hecho, hecho está, aunque su partido lo expulse muy indignado, aunque la PGR lo busque en todos los rincones del país, aunque pase el resto de sus días en una prisión –sueño guajiro- nada de eso va a poder regresarle a Veracruz, por lo menos en varias décadas, lo que alguna vez fue y lo que alguna vez tuvo. 
¿Qué es lo que queda por hacer, por decir? ¿Realmente se aprendió la lección? Pareciera que los resultados de los comicios del pasado 5 de junio nos hablan de un cambio en la mentalidad colectiva. “Hasta aquí, no más.”. Pero creo, en mi humilde opinión, que eso no es suficiente.
Esto se acaba en un mes, y lo que sigue será bueno sólo si nosotros procuramos que así sea. Ninguna nueva administración posee la varita mágica del bienestar para devolvernos nuestra paz y darnos riquezas. 
Se puede decir que Veracruz está el día de hoy, como alguna vez estuvo el Estado Alemán después de la rendición en la Segunda Guerra Mundial. Somos un estado en ruinas, señalado, vapuleado. Somos pobres, de los más pobres del país, y tenemos enormes deudas. Estamos plagados de delincuentes, de malas prácticas, de corrupción. 
Con la partida de Javier Duarte los problemas de este estado no se terminan. Aún queda una pesada estructura de cómplices, de aviadores, de gente que se creyó eso de “la plenitud del pinche poder”, gente que piensa que el servicio público sirve para robar y no para servir. 
Y eso, sólo va a cambiar si la gente se interesa por lo que su gobierno hace, si los ciudadanos de verdad vigilan las prácticas gubernamentales. 
Este nuevo gobierno no es un gobierno triunfante, es un gobierno a prueba, bajo observación. Es un gobierno que va a trabajar en la emergencia y la adversidad. No podemos pensar que sólo con su mera presencia los problemas ya están solucionados, y mucho menos podemos exigirle a este nuevo gobierno que las cosas mejoren en dos años, si no hacemos un cambio radical entre todos. 
Y cuando digo todos, es todos. El empleado que se lleva hojas de papel de la oficina para las tareas de sus hijos, la empleada de intendencia que se lleva los productos de limpieza para su casa, el burócrata que condiciona los trámites a los “apoyos económicos” o regalitos que le traiga el solicitante, el oficial de tránsito que acepta mordidas y el conductor que se las da, el jefe de departamento que contrata una secretaria por su cuerpo y no por su capacidad, el director que contrata a su sobrino o a su compadre, sin saber hacer el trabajo, en vez de darle el puesto a quien sí sepa trabajar. El diputado que se cree rey o príncipe, y acepta aparte de su buen sueldo, cientos de miles de pesos al año en viáticos, comidas lujosas, gasolina, ropa, etc., y que usa a su personal de confianza para la realización de sus encargos personales en horas de trabajo; el alcalde que hace negocios con los proveedores de gobierno y declara las obras públicas al doble de precio; el periodista que basa su trabajo en las “ayudas” que le den funcionarios de gobierno, y que calla la verdad de quien mejor le paga, y vende su pluma al mejor postor. Y por último, el gobernador que cree que el estado es suyo, que se engendra en un monstruo de poder, corrupción y avaricia, que todo lo que toca lo pervierte y que vive tranquilamente en la impunidad. 
Se necesita que la gente entienda que los cambios los tenemos que hacer todos, desde el más chico hasta el más grande. Los veracruzanos ya votaron por ladrones durante muchos años, ya se desentendieron del problema el tiempo suficiente, ahora no pueden hacerse las víctimas, al menos no los que estuvieron ahí y teniendo voz no la alzaron. Ahora les toca trabajar y ajustarse los pantalones para todo lo que viene. Tenemos que hacer esto por los que no podían o nunca fueron escuchados: por los niños en la sierra, por los campesinos, por los indígenas, por los estudiantes, por los jubilados, por los desempleados, por nuestras familias. Ellos necesitan que seamos su voz y su ejemplo en esta transición que puede durar muchos años.
Ya no hay marcha atrás. Ahora sólo queda caminar para adelante y aprender las lecciones de estos doce años. Aprender a ejercer nuestros derechos democráticos y reconstruir las ruinas que el fidelato nos dejó. Las ruinas de un Estado que alguna vez fue orgullo de México por sus recursos naturales, por su gente alegre y trabajadora, por su rica cultura y sus bellas tradiciones. 
No hay que quitar el dedo del renglón. Porque esto en un mes se acaba, pero el trabajo apenas empieza. 

El séptimo mandamiento

TIERRA DE BABEL
Jorge Arturo Rodríguez

¿Y qué tal mis Trump?

Tanto va el cántaro a la fuente hasta que al final se rompe, reza el dicho, y en Veracruz hay demasiados problemas de tanto dejar ir el cántaro por todos lados y a la deriva. ¿Quién detendrá la situación? Unos a otros nos echamos la culpa, escondemos la piedra para luego lanzarla. Me da tristeza mi Veracruz lindo y querido. Me da enojo, me encabrona porque no veo seriedad mucho menos sinceridad para salvaguardarnos del peligro presente que perjudicará a generaciones del mañana.
         “El gobernador electo de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, aseguró que en el estado ya se vive una crisis humanitaria debido a los malos manejos financieros en la administración de Javier Duarte y toda la estructura gubernamental”. Lo cual viene de muchos años anteriores. ¿Quién tira la primera piedra? ¿Quién rompe el cántaro?
         En Los diez mandamientos en el Siglo XXI, Fernando Savater escribe: “El escritor le pide a Dios que le aclare qué significa robar. «No robarás»... muy bien dicho. Es en verdad un buen precepto. El robo es y ha sido durante siglos uno de los males de la humanidad. Pero no hiciste precisiones. ¿Qué es con exactitud robar? ¿Roba el padre que ve muriéndose de hambre a su hijo y toma un mendrugo de pan para alimentarle? ¿Roba también el que saquea una provincia entera y se queda con todos sus bienes para su disfrute personal?
“No sé cómo sería en los tiempos de Moisés, pero en la actualidad hay distintas denominaciones: al que roba poco lo llaman ratero y le encarcelan en cambio al que lo hace en gran escala le llaman gran financiero, y recibe todo tipo de elogios y felicitaciones por su espíritu empresarial.
Deberías haberte esforzado un poco más. ¿No podrías haber entrado en detalles y haber aclarado lo que significa robar en sus distintas variantes? Al no haber hecho todas estas precisiones, el resultado de este mandamiento no ha sido bueno.
“Hay veces en las que pienso que en lugar de establecer tabúes con tus leyes, lo que hiciste fue dar ideas para que la gente hiciera todo lo contrario. Hoy, las grandes corporaciones, las más respetables, cometen robos enormes.”
Pablo Neruda dijo: “El fuero para el gran ladrón, la cárcel para el que roba pan”. Supongo que lo entendemos muy bien, y aún así caemos en la trampa del conformismo y la indiferencia. La vida sigue igual o peor.
Savater concluye: “el séptimo mandamiento se refería originalmente a no robar almas, personas. Luego su significado se amplió: no expoliarás, no desvalijarás, no abusarás de la credulidad o la ingenuidad de tu prójimo para quitarle lo que lo beneficia de forma legítima. También surge la pregunta sobre si puede haber robos justificados por la necesidad o por otros robos anteriores de los que uno ha sido víctima y lo han dejado en situación de indefensión. Los Estados también se caracterizan por no cumplir con la séptima ley de Moisés cuando sustraen buena parte de sus ganancias a los contribuyentes y no lo revierten en beneficios para la sociedad. Finalmente, el robo de las ideas es una acción mucho más sutil que el sustraer objetos físicos, como también ocurre con los fraudes especulativos y financieros.
“Se trata de un mandamiento que abarca todos los campos, relacionado con la moral de las sociedades y los individuos ya que muchas veces tan sólo una delgada línea separa al robo de lo que no lo es”. Tons, no pensemos mal y sí mucho más para evitar romper el cántaro. ¿Entiendes, Méndez…?