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lunes, 17 de abril de 2023

De no creerse: ya funciona una red de 30 estados para protección de activistas y periodistas. ¿Y nosotros, cuándo?

Rogelio Hernández López

Miradas de Reportero

Esto tienen que verlo las y los colegas preocupados por hacer periodismo con seguridad –se repetía el único reportero invitado a ese inopinado encuentro de ochenta servidores públicos de 30 entidades de la República para seguir desarrollando su red de protección para personas defensoras de los derechos humanos y periodistas.

El asombro crecía en el reportero, extraño en esa reunión, cuando los asistentes se presentaban ante los demás con su nombre, cargo y estado de origen. Anotaba tan velozmente como podía sin poder disimular una sonrisa:

  • 18 personas llegaron de secretarías de seguridad pública o ciudadana;
  • 16 de áreas de derechos humanos;
  • 10 de fiscalías estatales, varias especializadas en libertad de expresión;
  • 10 de institutos, mecanismos o instancias de protección específicas;
  • 8 de secretarías generales de gobiernos;
  • 3 de ministerios públicos especializados;
  • 3 de áreas jurídicas de gobiernos.

De los 80 concurrentes, la mayoría provino de 30 estados, 31 eran mujeres. No se escuchó a nadie de Durango o Oaxaca. Las entidades con más presencia fueron Baja California y Veracruz con 6 personas cada una; Estado de México 4; Chihuahua, Ciudad de México, Guanajuato, Morelos, Sinaloa y Tamaulipas con 3.

Se presentaron también 2 enviados de la Quinta Visitaduría de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), 1 representante de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), 2 consultores contratados por esa agencia para hacer encuestas de cómo mejorar esa red; la directora de CIMAC en representación del Consejo Consultivo del Mecanismo federal de protección y hasta un representante del Consejo de la Judicatura Federal.

--No sabía que estas reuniones fuesen tan concurridas y representativas. Esta tiene muchas significancias – se repetía el reportero invitado, que desde 1999 se autoimpuso hacer seguimiento de los relacionado con la protección a periodistas.

¿Dos efectos?

-¿Ya tiene efectos positivos esta red?—cavilaba mientras hurgaba en los datos recientes…

En los primero tres meses de 2023 bajó un poco el registro de asesinatos de periodistas. Trascendió que han caído tres periodistas, pero aún no se informa si fue por su ejercicio periodístico:

Abisaí Pérez Romero en Hidalgo que además de comunicador era estudiante y activista por derechos ambientales; Ramiro Araujo Ochoa en Baja California, era reportero independiente y fue acuchillado por dos adolescentes que presuntamente eran asaltantes y el reportero jubilado Carlos Acosta que fue hallado en un hotel de estancias muy breves en Calzada de Tlalpan de la Ciudad de México.

Al parecer paulatinamente ha disminuido también el índice de servidores públicos como agresores de periodistas, de cada diez agresiones bajó de 8 a 4. 

En 2006, la organización de origen inglés Artículo 19, en su primer año de operación reportó que el 83.5 por ciento de agresores contra la prensa eran agentes del Estado.

En 2012, según los datos históricos del Mecanismo federal de protección este porcentaje de servidores públicos agresores de periodistas fue del 75 por ciento. Para 2019 la proporción había bajado al 54.3.

Y para 2022, según el informe anual de Artículo 19, las agresiones de los Agentes del Estado significaron el 42.53 por ciento. 

Se redujo casi a la mitad este tipo de agresiones de servidores públicos o agentes del Estado, cómo les califica Artículo 19. Quizá sea un efecto de esta red. Pero los servidores públicos siguen siendo la mayoría de agresores.

Escueto comunicado

El comunicado 229/2023 de la Secretaría de Gobernación del gobierno federal informó en ocho párrafos que El Mecanismo de Protección federal organizó el 'Encuentro Nacional de Autoridades para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas', (al que) se concibe como una red nacional que tiene como objetivo construir una política nacional e integral en la materia.

También resaltó que la reunión de un día, el 11 de abril, estuvo encabezada por Enrique Irazoque Palazuelos, titular de la Unidad para la Defensa de los Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación; Jesús Roberto Robles Maloof, director general del Programa de Agravios a Periodistas y Defensores de la CNDH; Ricardo Cancela Neves, oficial de Derechos Humanos de la ONU en México; Roberto Iván Martínez representante de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana federal.

“Se generó como acuerdo principal –informó el comunicado--, consolidar esta red nacional y sesionar periódicamente para que se cumplan los objetivos trazados y se fortalezca la coordinación entre la federación, los gobiernos estatales y las fiscalías generales de Justicia al buscar evolucionar hacia la regionalización de las respuestas derivadas de las problemáticas particulares de cada región.”

Pero esta reunión y la red nacional que estimula tienen muchas más significancias, les dijo a todas y todos los asistentes el reportero invitado a impartir la única conferencia del Encuentro que tituló La sociedad necesita que el Estado  proteja a periodistas, pero ¿a cuáles?

Esta exposición fue en ocho partes sobre la definición de periodista que debe precisarse en una nueva ley;  de la tipología de agravios desde 1982; de las vulnerabilidades estructurales de las y los periodistas; del desmadre legislativo que se hizo desde 2012 y otros temas…

Cuando todo era hostil y nada nos protegía

Comparar en una línea del tiempo lo que protegía a periodistas ayudó a valorar mejor los significados de esta reunión. Lo siguiente es una sinopsis del tema “desde antes de la ley federal casi nada protegía a reporteras y reporteros”…

Hace 33 años las y los periodistas de México que eran agredidos carecían de respaldo institucional de protección, de procuración de justicia y muchos menos derechos para ejercer.

Al contrario, en los años 80 y 90 trabajábamos con mucha inseguridad laboral y precariedad, bajo leyes restrictivas de la libertad de informar, pero sobre todo lo hacíamos entre demasiadas prácticas convenencieras, corruptoras y manipuladoras de la información de interés social que realizaban empresarios de medios y gobiernos de todos los niveles.

Por el lado legal, también nos amenazaba en lo general la ley federal sobre delitos de imprenta, promulgada el 12 de abril de 1917, que contemplaba castigo a periodistas por ataques a la moral y ataques al orden o a la paz pública. (Apenas fue derogada en marzo de 2023).

También teníamos como amagos muy concretos el Código Penal Federal, el Código Federal de Procedimientos Penales y la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación y la mayoría de los códigos penales de los estados que sancionaban con cárcel a periodistas por los llamados delitos de honor. 

Fue hasta 1990 cuando una coalición de la Coordinadora de Trabajadores de Medios y de la Unión de Periodistas Democráticos (UPD) conseguimos una ventanilla de atención de urgencias en la Secretaría de Gobernación. El coronel Fernando Gutiérrez Barios, entonces titular de la Segob, ordenó que se creara el departamento de atención a periodistas en riesgo dentro de la Dirección General de Derechos Humanos. Esa dirección fue el embrión de la CNDH en junio de ese año, pero hasta 1991 ésta creó el programa especial de atención a periodistas.

El 7 de junio de 1990, también por activismo de la Coordinadora de Trabajadores de Medios y de la UPD, la presidencia de la República aceptó fijar un salario mínimo profesional, pero solo para reporteros y reporteros gráficos de prensa diaria impresa. Fue el primer reconocimiento de que las y los reporteros realizan un trabajo especial de interés público.

Debió transcurrir otra década para que se comenzara a reconocer, pero muy lentamente que las reporteras, reporteros y otros periodistas necesitábamos ciertos apoyos y derechos para ejercer con seguridad, libertad y dignidad.

Hasta mayo de 2002 por presión de colegas del estado de Guerrero se promulgó la Ley Núm. 463, para el Bienestar Integral de los Periodistas. (Ley de fomento).

Luego en 2006 se creó la primera ley con derechos para el ejercicio: Ley del secreto profesional del Distrito Federal (actualizada en 2010 y sustituida en 2022) Con ese y otros derechos se crearon otras dos similares en abril y junio de 2011 (Sonora en abril y Chihuahua en junio).

En 2010, se creó la Fiscalía especializada para la atención de los delitos contra la libertad de expresión (FEADLE) y eso reconoció el derecho a que el ejercicio del periodismo es la actividad principal que debe protegerse judicialmente ante agresiones para salvaguardar los derechos ciudadanos a la información y de expresión,

Así, paulatina y descoordinadamente se han ido reconociendo algunos derechos para ejercer el periodismo de los 14 que, en promedio son reconocidos internacionalmente. Al repasar las legislaciones y ponderarlas en conjunto nos resulta un panorama un tanto sombrío, entre azul y buenas noches, como se dice en México.

Entre todo esto, las y los reporteros y otros periodistas de México se desempeñaron hasta 2012 cuando nació el Mecanismo (federal) de protección a personas defensoras de los derechos humanos y periodistas. Esta ley y el Mecanismo federal de protección sí fueron una especie de parteaguas, pero ya están rebasados, entre otras razones porque siguió un desmadre legislativo y discoordinación entre autoridades de los estados con las federales para frenar, perseguir y castigar los agravios contra periodistas.

Por eso y más, el Encuentro es noticia

El reportero, en modalidad de conferencista no pudo evitar ponderar, ante toda la asistencia, varias significancias que a su juicio cobró este Encuentro de la incipiente Red Nacional de instancias y mecanismos gubernamentales de protección para activistas y periodistas. Les dijo:

Suponía que esta reunión significaría una buena noticia. Al ver a todas y todos ustedes se confirma: Este encuentro es un hecho inusual, novedoso, trascendente y de mucha conveniencia para los ciudadanos. 

Mírense entre ustedes (que son jóvenes, la mayoría) y calibren lo que representan aquí y ahora para beneficio de las dos poblaciones que deben atender.

Su reunión de hoy es una gran noticia, al observarla en perspectiva histórica. 

Fueron décadas en las que periodistas pedíamos enfoques y hechos para proteger realmente al ejercicio periodístico. Este Encuentro es una expresión concreta. Es posible probar que la gran masa de periodistas en México hoy está en peores condiciones que hace 25 años, excepto por la protección federal para cerca de 600. 

La mera reunión de instancias de protección de los estados de la República trasciende; y será más importante si tomase acuerdos significativos. 

Este Encuentro cobra más importancia porque atisba también una conjunción o colaboración, poco acostumbrada, entre protectores de periodistas con fiscalías que perseguirían delitos relacionados.

Contrasta también la iniciativa del gobierno federal actual para empujar la coordinación nacional. 

Este Encuentro alimenta la posibilidad de que ustedes sean el embrión de un sistema nacional con visión de Estado. Esa es la gran noticia que debiera ser del interés cercano de la mayoría de periodistas de México por esperanzadora. Deseo de todo corazón que ustedes den otro paso, aunque sea pequeño.

Al final del Encuentro, el reportero testificó el trabajo de la concurrencia en cuatro mesas por regiones y de sus resultados. Pero la sorpresa y el gusto por el Encuentro casi insólito, se le diluyeron con una inquietud: ¿Cuándo construiremos una red nacional de autoprotección para disminuir el ser objetos de la protección pública y convertirnos en sujetos de acción para nuestra seguridad?

miércoles, 18 de enero de 2023

En México hace falta mucho más que un solitario mecanismo de protección

Rogelio Hernández López/ Miradas de Reportero

Rogelio Hernández López

Abracemos a cinco colegas que sufrieron atentados y lograron mantenerse con vida, pero que fueron sumergidos abruptamente en la atmósfera de miedo que asedia al ejercicio del periodismo en México: 

Ciro Gómez Leyva se salvó por una camioneta blindada el 15 de diciembre en la Ciudad de México;

Flavio Reyes de Dios, fue embestido intencionalmente por una camioneta el mismo día en Palenque Chiapas;

Romana Ortega sufrió intento de secuestro el 21 de diciembre en El Nanchital, Veracruz;

Jesús Pintor estuvo secuestrado durante 19 días en Guerrero, desde el 25 de diciembre, junto a dos comunicadores improvisados;

Alberto Escorcia, el 11 de enero, desde Suecia solicitó solidaridad para sobrevivir en su cuarto exilio por amenazas.

Y esos son los casos que se hicieron públicos, la mayoría tímidamente, sin espectacularidad.

De todos ellos tuvo conocimiento el Mecanismo federal de protección y le siguieron aumentando los apremios.

Y deben haber ocurrido más casos. En esta atmósfera de miedo, que se desató desde 1991, demasiados colegas prefieren callar ante amenazas o atentados y otros, retirarse.

La violencia, la impunidad y los malandros desalmados han aumentado durante tres décadas, pero en los últimos años parecen cebarse cada vez más contra periodistas y comunicadores incómodos.

Y muy pocos políticos --y menos ciudadanos—aceptan, en la práctica, que esta es una actividad de interés público porque cada que inhiben o acallan a cualquier periodista se rebaja o se anula el derecho a saber de la ciudadanía.

Así no hay protección que alcance.

¿Qué falta?

El Mecanismo federal de protección a personas defensoras de los derechos humanos y periodistas cumplirá 11 años en este 2023. Pero su concepción original de tipo cautelar, sus limitantes legales y de otros tipos le han impedido frenar este ciclo aciago contra las personas de estas actividades.

Falta ampliar la mirada, rebasar la protección cautelar y perfilar una estrategia de Estado que involucre a todas las instancias de los tres poderes federales; a los gobiernos de las entidades federativas; a las empresas de medios de comunicación privadas y públicas; a las instituciones educativas y, por supuesto, a quienes ejercen el periodismo profesionalmente.

No se ha logrado una coordinación efectiva y menos una estrategia.

Se sabe de un intento de perfilar una estrategia de ese tipo. En este año se cumplirán 6 años de una alianza que hicieron dos instituciones, entonces de las más acreditadas socialmente, para entender el fenómeno con propuestas muy específicas, pero que no han sido atendidas. 

En 2017 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos pidió la colaboración del Programa Universitario de Derechos Humanos del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM para solicitar a expertos sus análisis y alternativas para la protección de periodistas en México.

Raúl Trejo Delarbre y Janneth Trejo-Quintana lograron conjuntar en un libro las aportaciones de Celia del Palacio Montiel, Sara Lovera López, Rosa María Rodríguez Quintanilla, Giovanna Salazar Ojeda, Itzel Lugo Sánchez y Rogelio Hernández López.

Este reportero entregó un amplio ensayo sobre la evolución del ya largo y cruento ciclo e incluyó una compilación de las demandas y propuestas de cientos de colegas para el diseño de programas de Estado para la protección integral de periodistas. Ya entonces estaba claro que un mecanismo de protección federal es absolutamente insuficiente.

Hay que reiterar lo siguiente que fue publicado en septiembre de 2018:

Ampliar la mirada. Se insiste en cambiar la forma de entender y abordar el tema de agravios al periodista más allá del ámbito policiaco y de justicia. 

Es indispensable, para ampliar la mirada, considerar los factores estructurales que han prohijado grandes vulnerabilidades a los periodistas para perfilar una respuesta integral.

Está muy probado que los periodistas mexicanos, en su mayoría, son el sujeto social más vulnerable del sistema de información de prensa, especialmente las mujeres.

Lo estratégico es crear un ambiente que les allegue fortalezas sociales, gremiales, derechos profesionales a las y los periodistas para su protección integral y no sólo la cautelar.

Con ello, se trata de que dejen de ser objetos de protección y puedan convertirse en sujetos de acción, en actores sociales que entienden bien los claroscuros de su profesión, desatan iniciativas, propuestas y actúan con determinación.

Para ampliar más la mirada se debe considerar que los agravios contra periodistas se facilitan por al menos seis vulnerabilidades que padecen.

La identificación de estas debilidades permite inducir las pautas que debería tener una estrategia, como promover varios programas e instrumentos de políticas públicas para enfrentar los problemas estructurales.

Lo estructural que vulnera a periodistas: 

Es estructural el maltrato profesional.  A la fecha, la concepción que subyace a la protección de quienes son los principales activos de la libertad de expresión y de prensa es restrictiva, pues no atiende sus derechos a vivienda, salud y empleo sin precariedad.

En el fondo de estas restricciones está un modelo mercantil de la información de interés público que facilitó la concentración de la propiedad y obstaculizó el desarrollo de medios pequeños y medianos y que, más acentuadamente, fue elevando la vulnerabilidad de sus trabajadores y de sus periodistas. Esto mismo en los últimos años creó una amplia capa de subempleados que se llaman a sí mismos independientes o free lance.

Las características de ese modelo y su entorno son bien conocidas en México:

• Fortaleza del modelo que propicia la concentración de la propiedad de los medios de comunicación masiva, y con ello del gasto publicitario y de la información;

• Pocos y dispersos cambios en el anacrónico régimen legal en la industria de medios de comunicación;

• Gasto publicitario del sector público arbitrario y sin transparencia;

• Inhibición de fuentes informativas alternas;

• Deficiente acceso a la información de prensa de amplios sectores sociales;

• Insuficiente operación de los instrumentos de acceso a la información generada;

• Insuficiencia de recursos legales para que ciudadanos se hagan escuchar, para replicar o para proteger su derecho a la vida íntima.

• Los medios de prensa predominantes son empresas que convierten en mercancía la noticia y obstruyen la información que no cumpla con el criterio mercantil.

• Los gobernantes de todos los partidos y niveles dan preferencia informativa a los grandes medios industriales y discriminan a cientos de medios y periodistas que ofrecen líneas informativas diferentes y aportan pluralidad de visiones.

• Los medios y periodistas en los estados están en zozobra constante por la presión política sin control y por el arbitrario manejo del gasto en publicidad, que crónicamente los ubica en los niveles más bajos de las listas de anunciantes.

• Las y los periodistas de localidades pequeñas y medianas laboran como corresponsales o FreeLancer, en su gran mayoría sin contratos de trabajo, ni prestaciones, ni seguros de vida y con pagos que van desde 150 a 400 pesos por trabajo, condicionados a que sus obras sean divulgadas.

Las seis vulnerabilidades. En resumen apretado son seis vulnerabilidades generales de la mayoría de periodistas, especialmente en los estados de la República:

1. Ante sí mismos, por debilidad profesional debido a deficiente formación académica y deontológica;

2. Ante el régimen legal, por inexistencia, insuficiencia de leyes o penalización injusta;

3. Ante empleadores por salarios y prestaciones no profesionales, y que además no protegen ante agravios, ni facilitan capacitación permanente;

4. Ante omisiones y malas prácticas de gobiernos, ministerios públicos, jueces y tribunales;

5. Ante agresiones, acentuadamente en algunos estados de la federación, y contra medios medianos y pequeños y reporteros con debilidades profesionales extremas. (Estos últimos son los más victimados por fuerzas de seguridad y funcionarios, causantes del mayor porcentajes de agravios) de particulares y grupos de la delincuencia organizada.

6. Por debilidad gremial, debido al exceso de organismos no unitarios ni defensores de la profesionalización.

Un Plan integral. Para configurar un plan nacional de protección integral se proponen cuatro programas de aplicación nacional:

1. Contra la vulnerabilidad profesional y social;

2. Contra la vulnerabilidad por agravios;

3. Contra la vulnerabilidad por el régimen legal;

4. Contra la vulnerabilidad organizativa profesional.

Esos programas necesarios se explican detalladamente en el libro referido. De considerarse darían base para una estrategia de Estado que involucre coordinadamente a varias instancias de los tres poderes de la Unión, a los gobiernos de las entidades federativas, a los empresas de medios de comunicación privadas y públicas, a las instituciones educativas y a quienes ejercen el periodismo profesionalmente. El Mecanismo de Protección tendría que convertirse en gestor y coordinador nacional y dejar de ser, como es ahora, el único instrumento con capacidad real, pero restringido a medidas cautelares y restrictivas de la libertad. Mirada de reportero. (rogeliohl111@gmail.com)

Nota.- Estas y otras propuestas para protección integral a periodistas se pueden leer en https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/doc/Informes/Especiales/Estudio-PeriodistasRE-2018.pdf