sábado, 26 de enero de 2013

Volvimos a perder en penales

Jesús J. Castañeda Nevárez

Parece que estamos salados; nada ocurre como debiera de ocurrir; los astros no se alinean a nuestro favor y por consiguiente el fracaso se ha vuelto una forma de vida. Parece que vivimos en la tierra del “ya merito” donde somos muy fregones hasta que aparece un forastero y nos derrota tan fácilmente como arrebatarle el dulce a un niño de primaria; nuestras novias se alborotan con la llegada de “el nuevo del barrio”, solo por venir de otro lado; estamos en la tierra donde todo lo bueno sucede pero en la casa del vecino, más no en la nuestra; las cosas buenas no parecen suceder en nuestro barrio, pero si en el de junto; hasta las chamacas guapas no viven aquí y si acaso alguna aparece, tiene novio fuereño.
Es tanta el ansia de ser grandes pero con tan pocos argumentos, que sintiéndonos chaparros nos reflejamos en la figura de los altos y los volvemos nuestros ídolos. Es así como hemos puesto en un pedestal a artistas extranjeros que nos hacen gritar y hacer desfiguros sin pudor, cantar sus canciones en inglés sin entender lo que dicen; tratando de parecernos a ellos adoptamos sus ridículos peinados y hasta el tipo de vestimenta “de marca”. Seguimos la trayectoria de los grandes deportistas extranjeros y hasta nos vestimos con la playera de sus equipos, manifestándonos como sus más fieles seguidores.
Somos el perfecto candil de la calle y obscuridad de su casa; y lo poco rescatable reconocido en casa, en muchos de los casos tiene que ver con esos ídolos muertos trágicamente como Pedro Infante que sigue vigente, mucho mejor que si estuviera vivo.
Algo pareciera estar gritando desde lo más profundo de nuestro ser tratando de convencernos de que no somos de segunda o tercera clase; que somos tan valiosos como cualquier ser humano y por ello somos merecedores de respeto y reconocimiento. Pero parece que no queremos admitirlo.
Así es que cuando hay partidos de fut internacional y juega nuestro país, lo que menos deseamos es que se tenga que decidir en penales, porque esos son maldición para nosotros.
La historia reciente de derrota en penales, se refiere a una delincuente que burló la justicia mexicana saliendo de un penal sólo por ser extranjera. Brincando encima de los ministros de la primera sala de la suprema corte de justicia de la nación (con minúsculas bien ganadas) jorge mario pardo rebolledo, alfredo gutiérrez ortiz mena, josé ramón cossío díaz, arturo zaldívar lelo de larrea y olga sánchez cordero dávila de garcía villegas; zurrándose en ellos ante la sorpresa de todos los mexicanos que no podemos todavía entenderlo, por la sensación de que nos hemos quedado huérfanos de credibilidad y que ya no existe instancia alguna en la que podamos descansar nuestra confianza. Aquí cualquier extranjero es bien tratado aunque sea un delincuente; siempre habrá una “malinche” que le bese los pies y traicione a los suyos.
Aquí la justicia sigue siendo ciega y torpe al no dar muestras de imparcialidad o por lo menos de congruencia, ante miles de casos de abuso de autoridad y de acusaciones dolosas que mantienen a muchos mexicanos inocentes purgando penas totalmente injustas. Si los secuestrados y mutilados por la francesa hubiesen sido de una familia poderosa e influyente, las cosas habrían sido diferentes;  porque en la mayoría de los casos que se encuentran en proceso, el mayor delito es ser “mexicanos pobres”, pobres mexicanos.
No se actuó en contra del “productor” del montaje televisivo y de las propias empresas que viven del show y del embelesamiento idiota de sus tele espectadores; no se hizo justicia. Volvimos a vivir una derrota en penales que nos llena de frustración y de vergüenza. ¡¡no se pudo, no se pudo, no se pudo!!.
Mientras tanto en el país contrario se desbordaron en el festejo y en toda clase de distinciones para una delincuente que hoy es tratada como una heroína y que seguramente muy pronto será toda una celebridad; aunque a nuestro país le haya cortado mucho más que un dedo o una oreja; al arrancarle la dignidad y la vergüenza, con la complicidad de la injusticia mexicana.  Y todavía les pagamos por ello. No hay moral.

jjcastaneda55@gmail.com