jueves, 28 de enero de 2016

Edgar Hernández, ¿renuncia?

Línea Caliente
Edgar Hernández


“No doy consejos: los inteligentes no los necesitan y los pendejos no hacen caso”, Miguel Alemán
Carlos Ferraez Centeno:
Siempre he creído que honrar la palabra es lo que más dignifica al hombre.
De verdad hubiera querido que, tal como acordamos, mi salida de la empresa radiofónica Avanoticias se hubiera dado como la pactamos, discreta, sin altisonancias, ni descalificaciones.
No fue así.
Tras mi renuncia a este consorcio radiofónico al cual le entregue lo mejor de mis empeños, fui objeto “al aire” de una serie de improperios que me obligan a defender mi postura profesional manifiesta a lo largo de 43 años.
Me abate la ruindad con la que se justifica mí salida. 
Calificarme de poco profesional, de presentar información en el espacio que conduje por tres años como “carente de veracidad”, de informar a la audiencia a partir de “rumores y chismes” y de solo “satisfacer mi ego”, es totalmente inadmisible.
Que pena.
Con una ramplona expresión se pretende descalificar una larga, larguísima jornada reporteril que me llevó al reconocimiento de mi gremio y de los propios gobiernos federal, estatal, así como una prestigiada comunidad periodística internacional que acreditó mi labor como corresponsal de guerra.
Regreso a la memoria que fui el primero en dar la noticia del sexenio al “destapar” a José López Portillo, como candidato a la Presidencia, premiado además por la mejor entrevista del año al dictador Anastasio Somoza, Premio Nacional de Periodismo que me otorgó el gobierno de la república por mis reportajes de la guerra de Las Malvinas, el “Reportero del Año”, por mi trabajo periodístico en zonas de guerra y más recientemente, hace unos meses, “Medalla como Defensor de la Libertad de Expresión” a nivel estatal.
Por estos días, a pesar de que muchos se cuelgan el sambenito, escribí y difundí el “Destape” Héctor Yunes Landa.
Acaso por ello –anteponiendo una disculpa por vanagloriar logros profesionales que solo persiguen colocarme de manera digna ante el desprecio a mi trabajo- es que me resulta poco justo el pago ofensivo para este colaborador quien sirvió bien a una empresa más empeñada en los negocios que en preservar la libertad de expresión. 
Y no menos justo no recibir un centavo de liquidación por servicios prestados. Simplemente al día siguiente ya no existes.
En realidad es la segunda vez que renuncio a Avanoticias. 
Necio de mí, confíe en las voces de la empresa que hablaban del respeto a tan digna profesión.
La primera fue porque pretendieron por todos los medios impedir difundir, solo difundir, la noticia del asesinato de la periodista Regina Martínez y que solo tendría que remitirme a la lectura del parte oficial que nunca llegó.
Sin embargo, lo que precipitó mi salida de la emisora sucedió minutos antes de ir al aire el 3 de mayo del 2012 cuando me impidieron, casi a punta de madrazos, dar a conocer la noticia de los periodistas muertos en el puerto Guillermo Luna Varela, Gabriel Huge Córdova, de Notiver, Esteban Rodríguez, reportero del periódico AZ, y Ana Irasema Becerra Jiménez, de El Dictamen, cuyos cuerpos fueron encontrados el “Día Mundial de la Libertad de Prensa,” en bolsas de basura y que a la fecha se desconoce el motivo de su muerte.
En esta segunda ocasión lo fue so pretexto de un comentario “al aire” en torno al Oficial Mayor de la SEV, Vicente Benítez quien “presuntamente” asistió a una fiesta amenizada por una “teibolera”, que en realidad era una maestra obligada a cambio de una plaza.
Una irrelevancia, acaso solo el pretexto para obligarme a dejar el espacio.
Y es que una vez dicho el comentario se me comunica la molestia del concesionario, como si Benítez no tuviera otras fechorías de daño patrimonial a Veracruz, estas sí, más graves y de permanente denuncia e investigación al más alto nivel. 
Fue entonces cuando recibí la orden expresa de que a partir de ese momento tendría que colocarme un bozal, a no salirme del guión oficial y asumir el papel que más les agrada, lector de boletines, situación a la que categóricamente me negué.
No podía, no debía renunciar al espacio de pluralidad que había ganado a contracorriente.
Ya en repetidas ocasiones había recibido serias advertencias en torno a la columna periodística que escribo para periódicos y redes sociales, “Línea Caliente”.
Me reclamaban moderación cuando nada tenía que ver la columna política con el espacio radiofónico, a “bajarle dos rayitas”, a escribir bien del gobernador Javier Duarte, para que pudiera ocupar la comisión de periodistas que estaría vacante una vez que se fuera Namiko Matsumoto, a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, según el dicho del propio Carlos Ferraez.
Decliné.
Las presiones siguieron al grado de cobardemente señalarme que había recibido dinero de parte de Juan Antonio Nemi, por entrevistarlo en mi espacio, situación que desde el pasado fin de año me puso al borde de la renuncia.
“Tienes que dar una prueba de apoyo al gobernador”, me decía a quien hoy le escribo esta epístola. 
Lo rechacé cortésmente sin romper y en algún sentido dividí lo que era informar y comentar de manera amena para la radio y escribir con el rigor respectivo para la columna política “Línea Caliente”.
Fueron muchos los avisos de censura, de amordazamiento, de impedirme concertar entrevistas donde se hablara mal de régimen, de ser muy cuidadoso en mis mesas de análisis, de no salirme de la “escaleta” y de cuidar los intereses del patrón. 
“El es el dueño de los fierros, entiéndelo”, me decían un día sí y el otro también.
Acredite, a pesar de las limitantes, un espacio de interés, de alto rating, el más comercializado de todos sus informativos, según su área respectiva y con un importante grado de penetración, según el concesionario.
Acaso fue la autocensura de la empresa, la cual nunca, nunca compartí. Acaso fue la urgencia de no arriesgar más ni atentar contra el negocio o tal vez fue esperar este momento que finalmente se dio so pretexto de no tocar ni descalificar al pillo de Vicente Benítez.
En el fondo asoma la mano de Palacio de Gobierno con quien hace años deje de tener relación con el consecuente hackeo de mi portal y tantas agresiones de carácter familiar y personal. 
En fin, señor Ferraez habíamos quedado a través de su amanuense, en un retiro discreto. No lo fue. Quien faltó a la palabra fue usted, no yo. Cuando usted nació yo ya era Premio Nacional de Periodismo. Es cuanto.

Espectaculares

Sin tacto
Sergio González Levet

Lo que son las cosas: ahora se ha convertido en un buen negocio para muchas revistas la promoción en sí de algunos de sus ejemplares, no con el fin de aumentar su circulación o crear expectativas entre su público probable, sino porque muchos y muchas aspirantes han creído encontrar una veta de propaganda personal en el uso de grandes espectaculares con su imagen y una aparente entrevista en la que dilucidan brillantemente -al menos en la intención- la riqueza de su pensamiento y de su labor social (traté de evitar el sarcasmo hasta donde pude, pero me fue imposible).
Con esta promoción personal, disfrazada a través de la propagación gráfica de la portada de un medio impreso, varios y varias personalidades se brincan la exigente normatividad electoral, lo que implica un ingreso adicional para los colegas revisteros, que les cae muy bien en estos tiempos tan difíciles de falta de recursos por todos lados.
Dicen unas y otros -con un razonamiento endeble pero generalizado- que estrictamente no es hacer precampaña el hecho de que una revista seria o establecida haya tenido la idea de entrevistarlos y a partir de eso dedicar su artículo principal y toda su portada al resultado de la interviú.
Y tampoco tienen la culpa de que esa revista haya decidido dedicar una buena cantidad de dinero a promoverse en grandes espectaculares, ubicados casualmente en el distrito por el que sueñan ser representantes en el Congreso estatal.
Pero… pero… pero… en esto de la promoción espectacular se están cometiendo varios excesos.
Primero, la propia concepción de algunas entrevistas, que inevitablemente terminan revelando la falta de materia gris, de preparación y conocimientos de muchos suspirantes. Es que la mayoría -me perdonen- tienen dinero pero no materia gris… o la tienen, pero no la emplean.
Segundo, la calidad de los protagonistas. Pongo como un ejemplo al azar a la actual alcaldesa de Paso de Ovejas, Ana Rosa Valdés, que se mandó a hacer su entrevista y sus espectaculares con el fin de que la tomen en cuenta en las listas del PRI. Miren nomás estas machincuepas electorales: su esposo era el presidente municipal y le heredó la silla cuando él se fue de diputado local por el distrito, y ahora ella pretende suceder a su vez en la curul a su marido. A ver si no ahora el señor se quiere regresar a la silla municipal, pues ha de pensar la parejita que ya se ha convertido en su propiedad familiar.
Tercero, el número de los espectaculares. Para seguir con la gentil munícipe pasovejense, en el tramo de unos cuantos kilómetros de la autopista de Xalapa a Veracruz que pasa por el distrito de La Antigua se puede ver casi una decena de ellos, de los grandotes, como para que no se le vaya a pasar ver su imagen a algún chofer despistado.
Y cuarto, el costo. Sin que lo asegure tajantemente, me dicen que el precio de renta de espectaculares de ese tipo oscila entre 12 mil y 15 mil pesos mensuales, así que si son 10, ya estamos hablando de una inversión de 150 mil pesos, a la que hay que aumentarle unos cuatro mil pesos por la impresión de la manta de cada espectacular, y ya vamos cerca de los 200 mil, más lo que cobre la revista por el trabajo y la publicación.
Sólo nos resta a los optimistas, esperar que estas promociones que no son promociones las estén pagando los beneficiados de su propio bolsillo y no con recursos del pueblo… que luego sucede.
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