lunes, 16 de octubre de 2017

Funcionarios con vocación de servicio, en peligro de extinción

En pie de lucha…
INOCENCIO MARTINEZ CORTES

Es difícil, más no imposible tener funcionarios con vocación de servicio, esos que tratan al semejante con respeto y cortesía, esos que intentan todo antes de dar una respuesta negativa, esos que buscan dejar satisfecho al mortal que los busca con la confianza que obtendrá una respuesta y no una evasiva como lo hicieron los servidores públicos que piensan en la que sigue, antes de terminar un cargo conferido por la propia ciudadanía.
Aun cuando admito que los ciudadanos están acostumbrados a que alguien les gestione y resuelva los problemas, y que algunos prefieren pagar el servicio para recibir o resolver cómodamente cualquier necesidad debido a la falta de respuesta de quien puede y debe resolverlos. La mayoría aun espera que las cosas se den por si solas y eso es lo que irrita al grueso de la población.
Tratándose de la cosa pública, dejamos que los funcionarios y servidores públicos se encarguen de darnos lo que necesitamos, esperando siempre que nos hagan caso, para mi es satisfactorio cumplir con la encomienda, ver al ciudadano que se lleva en lo inmediato una respuesta a sus necesidad, saber que encontró quien le escuchara y de ser posible encontrar lo que andaba buscando sin dar múltiples vueltas.
Todo servidor público en el ámbito de su competencia debe servir, cumplir con hacer su trabajo de calidad porque está tratando con el patrón, ese que es el que le paga vía el tributo infame que se les impone, así que no hacerle caso o hacerle fuchi cuando se acerca a pedir algo que tiene bien ganado, es faltarle el respeto a quien nos da de comer.
El que hace justicia, el que procura justicia, el que protege al ciudadano, así como el que cuida la salud y todo aquel que preste un servicio, debe ponerse la camiseta para dar calidad y atención de primera, no es válido evadir la actividad estar haciéndose el importante, faltar al trabajo utilizando el cuento de las reunionitis, esas que nunca se dan y cuando se dan, deberían ser para la producción y el mejoramiento del servicio, no para los temas que nada tienen que ver con su encargo.
Hagamos del servicio público un baluarte de la democracia, donde a todos se les atienda por igual, lo mismo sea para un blanco que para un negro, gordo o flaco, alto o chaparro, pero siempre con el deseo de generar una satisfacción a favor de un colectivo para que en la toma de decisiones no tengan pretexto y omitan su participación, dejando que al poder lleguen quienes les han hecho perjuicio y daño por mucho tiempo. ¿Qué no?

adidas.johan62@gmail.com
Lic. Inocencio Martínez Cortes